Los brotes rojos de la economía

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Economía brotes rojos

Que vienen tiempos difíciles no es algo nuevo, pero que el ejecutivo empiece a reconocerlo sí lo es. Quizá esta sea la señal inequívoca de que se avecina una época de depresión económica más gorda de lo que inicialmente podíamos pensar. Y es que el dato de empleo conocido ayer muestra el peor noviembre desde 2013, con 53.114 afiliados menos y 20.525 parados más.

La economía son ciclos, con fases de prosperidad o auge seguidas de épocas de crisis o ralentización

En fútbol, con los delanteros y exceptuando al bueno de Leo Messi, pasa lo mismo. Hasta ahí, y mientras sigamos bajo el yugo de la Banca Central y la política monetaria keynesiana, poco podemos hacer. Sin embargo, donde sí tenemos cierto grado de intervención es en cómo afrontar estos periodos, de tal manera que los hagamos más moderados o más agresivos. En España, por desgracia, tenemos ya experiencia en lo segundo y parece que poco hemos aprendido desde entonces.

Estamos viendo una disminución sostenida de la producción y del consumo. Asimismo, se está confirmado el aumento del desempleo y la restricción del crédito. La producción de las empresas, como no puede ser de otra manera, se está resintiendo, lo que afecta tanto a la inversión nacional como extranjera. Y si la inversión cae, las economías destruyen. No quiero ser apocalíptico, solo traduzco los datos macroeconómicos que tenemos a día de hoy encima de la mesa.  No obstante, tenemos una ventaja estructural sobre países vecinos, estamos creciendo por encima de la media de Europa, pero esa ventaja se puede lapidar si seguimos adelante con los presupuestos que el nuevo gobierno quiere implantar en caso de haber acuerdo.

Estos presupuestos, influenciados por el socialismo más radical de Unidas Podemos, apuestan por mucho más control estatal del sistema económico, así como por un aumento bastante descontrolado del gasto. Repito que ya tenemos experiencia en afrontar mal una crisis y parece que queremos recrearnos de nuevo en los mismos errores. Y digo que queremos porque una mayoría de la población lo ha votado, quiero pensar que por ignorancia y no por masoquismo.

En ciclos de depresión económica, al igual que sucede en una empresa, hay que ajustar los costes a la menor producción, principalmente con reducción de gastos, tanto fijos como variables. En toda compañía hay ciertos años en los que no será posible pagar extras o aumentar salarios, sino que habrá que adaptarse a las circunstancias. Y es necesario que exista flexibilidad para ello, sino lo más probable es que se le empuje a la quiebra.

Precisamente esa flexibilidad y austeridad es la que brilla por su ausencia en los planes de la izquierda

Los presupuestos apuntan a todo lo contrario y es que las consecuencias de los mismos no las van a pagar las clases medias o altas, sino, principalmente, las clases más humildes. Pero al gobierno eso le importa un carajo, en cuatro años le tocará resolver el problema a otro, con una deuda y un desempleo nuevamente disparados. Eso sí, la medalla de la subida del salario mínimo (SMI) o el aumento del gasto en protocolos climáticos se las quedarán colgadas de por vida. Y lo preocupante es que mucha gente no se dará cuenta nunca del destrozo económico que fue necesario para ello. Y no se darán cuenta, por que los medios de información, fuente de la que bebe una gran mayoría de la sociedad, prefiere hablar de emergencia feminista o climática, en vez de emergencia economía y laboral, que es la que realmente nos debe preocupar. Desde aquí, sin embargo, tratamos y trataremos de aportar un pequeño granito de arena a reinstaurar la coherencia social.

Bienvenidos los brotes rojos a la economía.

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