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Cádaveres sin reclamar: así son los procesos que se siguen en estas situaciones

La mayor parte de los cadáveres pertenecen a extranjeros, que no llevan documentación en el momento de su muerte

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cadáveres en depósitos anatómicos forenses
Un elevado número de cadáveres están sin reclamar y se encuentran en el olvido en España

Todos los años, una cifra de fallecidos no son reclamados por nadie. Los cadáveres pasan a ocupar una cámara frigorífica en un instituto anatómico forense o de medicina legal de manera temporal, hasta que las autoridades deciden qué hacer con ellos.

Pero es el juez quien determina el futuro de los restos mortales. En la mayoría de los casos, los cuerpos sin reclamar no han sido identificados o las familias no quieren o no pueden hacerse cargo de ellos.

El director del Instituto Anatómico Forense de Madrid, Eduardo Andreu, explica que «es el juez quien inicia el proceso y determina el traslado del cuerpo al instituto»

Además, la mayor parte de los cadáveres no reclamados se hallan sin identificar, por lo que hay que averiguar durante la autopsia de quién se trata, para que el juzgado pueda avisar a su familia.

El futuro final de los cadáveres siempre lo tiene que dictaminar un juez

Mediante la huella dactilar o dental o un análisis del ADN, se consigue descubrir a quién pertenecían los restos mortales. Una vez determinada la identidad de los cadáveres y en el caso de que sea necesario, la autopsia permitirá fijar la causa y fecha de la muerte.

Cuando la familia no se hace cargo, el Instituto Anatómico Forense espera 15 días a que aparezca la familia o a identificar el cuerpo.

Si pasado ese tiempo no ha ocurrido ninguna de las dos cosas, se pone en conocimiento del juzgado de guardia para que determine el entierro social o comunique a Interpol la situación de ese cadáver para que pueda localizar a algún pariente.

Algunas veces, se localiza e informa a las familias, pero ocurre que estas no quieren hacerse cargo del cadáver ni del entierro.

Debido a problemas económicos, mala relación con el fallecido o que la persona que ha reconocido el cadáver no es un familiar allegado, son algunos de los motivos que dan como resultado que nadie quiera responsabilizarse del muerto.

Habitualmente, las familias se hacen cargo de los fallecidos, pero en algunos casos no reclaman o no pueden hacerse cargo del entierro

En caso de que los cadáveres no sean reclamados son los Ayuntamientos o la Consejería de Justicia de la Comunidad de Madrid quienes se ocupan y celebran lo que se conoce como «entierros sociales».

Estas instituciones se hacen cargo del difunto cuando las familias aducen problemas económicos para no ocuparse de él y cumplen una serie de requisitos establecidos por los consistorios.

En caso contrario, es la Consejería la que corre con los gastos.  No obstante, ha de ser un juez quien indique qué hacer con el cadáver: inhumarlo o incinerarlo. «Los restos nunca se destruyen ni tampoco se donan a la ciencia», ahonda Andreu.

Todo el proceso, desde que le localiza el cadáver, hasta que se entierra o crema, tiene una duración media de tres o cuatro meses, aunque se puede alargar hasta un año.

Durante el pasado año, la Comunidad de Madrid, celebró 36 entierros sociales. 24 corresponden a procesos iniciados en 2018 y 12 a 2017 inacabados.

El Ayuntamiento de Madrid asumió los gastos de 48 y otros consistorios se ocuparon de 11, un total de 85 cadáveres enterrados o incinerados.

Mayoritariamente extranjeros

En total, durante el año pasado, 87 cadáveres sin identificar llegaron al Instituno Anatómico Forense de Madrid. Al final, solamente uno quedó sin nombre ni filiación.

La mayor parte son extranjeros, que no tienen identificación a las que no se les puede identificar por la huella necrodactilar. Es entonces cuando se pone en conocimiento de la Interpol para que puedan localizar a las familias.

«El motivo más habitual para que lleguen sin identificar es que no presentaban documentación en el momento de la muerte. A veces fallecen en la vía pública y no llevan ninguna documentación«, detalla Eduardo Andreu.

Por otro lado, las causas de la muerte no son las mismas y no hay alguna que predomine entre los cadáveres sin reclamar, ni ningún patrón respecto al estado de descomposición en el que son encontrados.

«Pueden ser cadáveres que estén muy bien conservados, que otros estén ya en estado de putrefacción, como cualquier otro tipo de cadáver», abunda el director del Anatómico Forense.

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