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¿Cómo saber si el pollo de tu nevera se encuentra en mal estado?

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Carnes magras
El estado de la carne de pollo antes de cocinarla | Pixabay.

La carne de pollo es una de las más consumidas en nuestro país. Nada menos que el 37% de la carne fresca consumida en los hogares españoles es de pollo, según el último Informe de Consumo Alimentario, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

En este sentido, cada español consumió en 2018 unos 12,57 kilogramos de pollo de media. Y es que los beneficios de esta carne blanca pasan por un porcentaje bajo en grasas, además es rica en proteínas y su valor energético es relativamente bajo. Se trata en definitiva de una carne muy recurrida en dietas de adelgazamiento. El pollo es una opción más que adecuada y nutritiva a la hora de incorporar carne a nuestro día a día, tal y como indican los expertos.

Pero ojo porque la carne que conservamos en la nevera o que nos han vendido en el supermercado puede estar en mal estado. «El pollo crudo a menudo está contaminado con bacterias Campylobacter y a veces con bacterias Salmonella y Clostridium perfringens. Si consume pollo poco cocido u otros alimentos o bebidas contaminados con pollo crudo o sus juegos, puede contraer una enfermedad transmitida por los alimentos”, dice el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). 

¿Cómo podemos saber si el pollo que vamos a cocinar está en buen estado?

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos elaboró hace tiempo una guía se seguridad alimentaria para los consumidores. En ella se daba algunos consejos para detectar si la carne cruda se encontraba en buen o mal estado.

El primero de ellos pasa por revisar que no se ha sobrepasado la fecha de caducidad. Asimismo, el organismo norteamericano recomienda que esta carne, si no se congela, sea consumida en un plazo máximo de uno o dos días. Eso sí, en el congelador puede mantenerse durante largos periodos de tiempo. 

Además, tanto el color como el olor o el tacto que puede presentar el pollo en mal estado es muy distinto al de la carne fresca. En concreto, su piel ha de ser lisa, fresca y húmeda. «Debes fijarte en que no conserve restos de plumas ni tenga manchas oscuras. El color del pollo ha de ser uniforme, entre amarillo y blanco, y no debe despedir olor desagradable«, dice el organismo. «Además, sus ojos son brillantes, la carne es firme y los muslos musculosos«. 

El olor de la carne es fundamental

En cambio, el pollo en mal estado emite un olor agrio, su piel tiene un color tirando a grisáceo o verdoso y, en lugar de presentar una carne tersa y brillante, presenta una suerte de baba pegajosa gruesa de la que deberíamos desconfiar. Pues bien, si nos encontramos con que la carne de pollo que hemos comprado en el supermercado presenta alguna de estas características, lo mejor será tirar la carne a la basura. 

Otro aspecto que conviene tener en cuenta, es que no hay que lavar el pollo antes de cocinarlo. Porque lo cierto es que no se eliminan las bacterias, sino que podríamos extenderlas. «Durante el lavado los jugos de pollo se pueden propagar en la cocina y contaminar otros alimentos, utensilios y mesones«, advierte el CDC.

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