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Estos campamentos de verano hacen invisibles a los niños con discapacidad

Los campamentos de verano no son de color de rosa para todos los niños. Muchos se quedan sin poder entrar, o si entran, se les hace invisibles

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Campamentos de verano
Los campamentos de verano tienen la importante tarea de normalizar la discapacidad y luchar por la inclusión de todos los niños

Los datos del INE reflejan que hay 222.540 niños escolarizados en España que presentan necesidades educativas especiales asociadas con alguna discapacidad. Un 83,6% de los niños se encuentran integrados en centros ordinarios. El problema llega con los campamentos de verano.

Durante los tres meses de verano estos niños también cuentan con vacaciones. Es en esta época cuando muchos padres deciden llevarles a campamentos con el deseo y la esperanza de que sus hijos se puedan divertir. Sin embargo, el gran problema que nos asola, es que la integración hoy en día, no está asegurada.

«Estar, pero no existir» o directamente ser expulsado o no acogido por los campamentos

Dani es un niño de 16 años que tiene autismo de alto funcionamiento. Desde bien pequeño ha pasado por varios campamentos de verano, pero un año decidió que ya no volvería más.

El joven explica que no es que se sintiera discriminado, solamente no incluido, esa sería su mejor definición. «Saben que estoy, pero no me ven». Cuenta que en esos campamentos no lo pasó bien. Había demasiadas normas, prohibiciones, mucho control.

Situaciones como estas son verdaderamente preocupantes. Un caso muy sonado es el de Inés, una niña de 11 años, con un retraso madurativo. Ella fue expulsada de un campamento de inglés en Salamanca, porque varias madres dijeron que no querían que sus hijas conviviesen con ella.

En Torrejón de Ardoz, Madrid, Marcos un niño de seis años con autismo fue víctima de un caso parecido pero por falta de personal en los campamentos.

Y esta misma explicación se le dio a los padres de David que lo habían apuntado a uno de los campamentos de Torremolinos en Málaga, y fue expulsado por esa «casualidad» de falta de personal.

Lo preocupante, es que dicha situación, lleva pasando desde hace mucho

Desde los 6 años Dani ha estado asistiendo a campamentos de verano. En un primer momento era aceptado sin problemas, pero al día siguiente se le avisaba a los padres de que llevaban una persona de apoyo o de lo contrario, el niño no podría continuar.

«Le cuidan, pero no le integran»l. El segundo año acudió a otro organizado por el colegio. «Al principio no te ponen problemas, pero nos dimos cuenta de que el niño estaba desplazado, lo cuidaban y ya está, pero no lo integraban» cuenta Delfy, madre de Dani.

Cuando por tercer año consecutivo se buscó uno de los campamentos para Dani, la experiencia mejoró gracias a que un monitor de escalada se preocupó por Dani.

Pero Daniel Comín, padre de Dani y director de Autismo Diario, coincide con Amalia, madre de Malena, en que el mayor problema es la falta de conciencia. Malena, de 18 años y con autismo ha acudido a varios campamentos, y no ven que la integración sea total.

Solamente la aceptaban si se ponía una persona de apoyo, y la respuesta era la misma siempre, «no tenemos medios». Y aunque Malena, por aquel entonces, estaba bastante afectada sensorialmente, la madre nunca se planteó llevarla a un centro exclusivo. Pues la niña siempre que estaba con grupos de niños sin discapacidad siempre conseguía avanzar más.

Ningún centro público o privado de campamentos de verano garantiza mejores atenciones al menor con discapacidad, según las experiencias de las familias, que además coinciden en que dicha adaptación, depende de las personas que están al frente.

De todos los campamentos a los que ha acudido Amalia, tendía que estar dependiendo de la buena voluntad de alguien. Y solamente tres son en los que realmente han integrado a su hija totalmente, dos de ellos fueron de Hípica.

Y en esos tres la clave fue siempre que la persona que se encontraba al frente buscaba esa integración y no hacían a un lado a la pequeña. Aún así, Amaya manifiesta que los campamentos no están preparados.

En los campamentos no se lucha por la diversidad y la inclusión

Jesús Martín, delegado de Derechos Humanos del CERMI, el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad, insta a que los organizadores de campamentos tienen que tener en cuenta la diversidad, y tener en cuenta las necesidades de todos los niños que acudan.

Ya que en los campamentos se paga por adelantado, deben de trabajar por tenerlo todo a punto. Si acude un niño que tenga con diabetes, el personal deberá saber cómo mirar el azúcar; si acude un menor en silla de ruedas, habría que realizar algunas adaptaciones, manifiesta el padre de Dani y director de Autismo Diario.

En algunos campamentos, la formación de un único monitor puede ser suficiente, mientras que en otros es necesario reforzar el personal a cargo del grupo o reducir el número de niños.

En muchas ocasiones, el coste que supone este tipo de «suplementos» para los campamentos, es lo que determina si se acoge a un menor con discapacidad, o se impone la condición de que para entrar, sea la familia la que asuma los costes, y eso no es nada justo, afirma Daniel Comín.

«Los apoyos y por tanto las ratios han de establecerse no en función del número de niñas y niños, sino en función de las necesidades de éstos»

Silvia Sánchez, directora de Plena Inclusión defiende que algunos campamentos sí están preparados para estos casos, pero echando un vistazo en general, no se puede incluir a la gran mayoría.

Desde su asociación pide que se normalice la discapacidad no solo para favorecer a los que la tengan, sino como algo que será verdaderamente enriquecedor para el resto de niños y monitores.

«Acercarse a la discapacidad, conocerla, respetarla y normalizarla es un beneficio para toda la sociedad» apela Sánchez.

¿Se debe comunicar la discapacidad del menor?

Desde el CERMI y Plena Inclusión señalan que el deber de facilitar toda la información sobre las necesidades de los menores en busca de una mejor atención recae en los padres.

Pero la decisión de transmitir al resto de compañeros la discapacidad es algo personal del niño y de la familia. Como ejemplo el caso de Inés, la niña que fue expulsada, porque los propios monitores y organizadores informaron a niños y familias de su discapacidad.

Y eso es un caso de vulneración de derechos. Cuando suceda esto, las asociaciones animan a denunciar. Los casos que se han expuesto, desgraciadamente no son aislados.

«No hay por qué anunciar de manera específica nada, igual que no se anuncia si en los campamentos participan personas rubias, morenas, altas o bajas. Los niños y niñas naturalizan y normalizan las cosas mucho mejor que nosotros los adultos«, argumenta Silvia Sánchez.

Está en mano de todos, luchar por la inclusión y hacer que el respeto, la tolerancia, y la diversidad invada cada espacio de nuestras vida, no solo el de los campamentos de verano.

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