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Consejos sobre cómo comer marisco en verano

Por mucho que nos apetezca una mariscada en verano, estos meses son la peor época para comer marisco y te contamos por qué.

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Marisco
Pixabay

En verano debemos extremar la precaución con alimentos como el marisco. Con la llegada del calor, los viajes a la playa se disparan y las terrazas de los restaurantes se llenan de gente deseando probar una mariscada. ¡Error! Hoy queremos contarte por qué no debes comer marisco en verano.

En estos días apetece comer productos frescos del mar

Lo más importante es cuidar su conservación y sobre todo, no romper la cadena de frío. De hecho, se recomienda no sacar el marisco durante más de 15 minutos del frigorífico antes de cocinarlo.

Consejos para evitar intoxicaciones alimentarias por marisco

El marisco es uno de los alimentos más sensible a los cambios de temperatura, por eso debemos extremar la precaución con todo el marisco en verano.

En el caso de las gambas rojas y blancas, debemos fijarnos en el color, el brillo y sobre todo el olor. Su olor nunca debe ser demasiado fuerte.

Las ostras, almejas y las navajas deben estar vivas hasta el momento de su elaboración. También los berberechos. Este último, es un fácil portador de la Hepatitis C si no se cocina de forma adecuada.

Cómo conservar y cocinar el marisco en verano

En Telemadrid nos aconsejan vigilar constantemente que no se rompa la cadena de frío con el marisco. Al sacarlo del frigorífico, conviene taparlo con un paño fino para que conserve mejor la humedad. En el caso de berberechos y otros moluscos, se conservan mucho mejor si están prensados. De esta forma, podrán retener mejor el agua.

Al cocinar los moluscos debemos desechar los que no se abran con el calor. Las gambas, por su parte, deben adquirir un color coral si se cocinan a la plancha. Recordemos que cuanto más crudas las dejemos, más riesgos de intoxicación habrá.

Elegir mariscos en buen estado

La Food & Drugs Administration de Estados Unidos ha elaborado una guía para saber que son productos frescos y seguros a la hora de seleccionarlos:

  • Fijarse en las etiquetas que identifiquen que han sido sometidos a los procesos adecuados y a los controles de seguridad.
  • Observar las conchas de almejas, ostras y mejillones. Si están rotas o agrietadas, hay que desecharlas porque podrían contener bacterias.
  • Someterlas a una ‘prueba de golpes’. Según el organismo americano, es conveniente dar un ligero golpe a almejas, ostras y mejillones. Si están vivos, estas conchas se cerrarán, demostrando que están frescos. Si no lo hacen, es mejor no elegirlos.
  • Las patas de langostas y cangrejos se tienen que mover un poco si están vivos y frescos. Una vez muertos, pierden movimiento y se descompone rápidamente su carne. Por ello se deben escoger aquellos que aún mantienen la vida.

Los mariscos que se comen crudos pueden albergar bacterias

Las almejas y las ostras son algunos de los mariscos que suelen consumirse crudos con apenas un chorro de limón que aporta un ligero matiz a su peculiar sabor. No obstante, es importante prestar atención a estas, pues pueden albergar en su interior bacterias peligrosas para la salud. Si se cocinan, desaparecen, pero al consumirse tal cual salen del agua, es necesario poner cuidado.

Uno de los principales motivos que provocan que no sea aconsejable comer marisco en verano es que se trata de la época en la que estos moluscos entran en su fase de reproducción. Esto implica que se produzcan cambios en su metabolismo. Por ejemplo, pierden peso, su carne se torna más blanca y con menos sabor.

Por lo tanto, pedir una mariscada en verano será sinónimo de consumir mariscos más pequeños con una carne más insípida y de textura menos firme. 

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