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Más de 500 niños mueren de ébola en el Congo

La propagación de la enfermedad se ha acelerado en los últimos meses, informó la ONG Save the Children.

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ébola Congo
Las cuidadoras del Centro de Cuidado infantil Katwa, en Butembo Kivu del Norte, (de izquierda a derecha) Faradja, Jili y Kiombwe, sostienen a Edouard Tresor, Marie y Jovial, respectivamente. Este centro, que abrió el 21 de junio de 2019, se dedica al cuidado de niños cuyos padres están recibiendo tratamiento en un centro de tratamiento del ébola. Los niños separados o huérfanos por el ébola en la República Democrática del Congo reciben atención y apoyo de UNICEF y sus socios. EFE/UNICEF/Perret

El virus del ébola se ha cobrado la vida de más de 500 niños en República Democrática del Congo (RDC) desde su aparición hace un año. Save the Children advirtió que la propagación de la enfermedad se ha acelerado en los últimos meses.

En total, alrededor de 737 niños sufren ébola desde que apareció en la RDC el 1 de agosto de 2018.

El 40% de los niños con ébola en el Congo son menores de cinco años

Dejar de ir al colegio, perder a tus padres o ser aislado del mundo exterior… son algunos de los escenarios a los que se enfrentan los menores infectados de ébola en el Congo.

«Esta es una enfermedad que da una vuelta de 360 grados a la vida de los niños y que a menudo devasta a familias enteras«, explica a Efe Edouard Beigbeder, representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en este país africano.

Un virus que se cobra mucho más que vidas

«Todo lo que es normal y rutinario cuando un niño enferma: ser cuidado, reconfortado y abrazado por sus padres se convierte en una sentencia de muerte cuando se trata de ébola«, continúa Beigbeder. El contacto directo con fluidos de familiares ya infectados es «una de las principales formas de contagio».

Al menos 527 niños han fallecido a causa de esta enfermedad, casi un tercio de las muertes totales, que alcanzan ya las 1.888.

El ébola no sólo trastoca la relación materno-filial de los afectados, sino que su impacto acarrea también secuelas psicológicas y un fuerte estigma social. Situaciones ambas más difíciles de afrontar cuando se trata de menores.

«Un brote de sarampión, malaria o enfermedades transmisibles como la tuberculosis tienen una incidencia mucho mayor, pero el ébola es devastador desde un punto físico y psicológico», señala a Efe el psiquiatra de Médicos del Mundo Ricardo Angora.

Muchos niños son testigos de la muerte de sus hermanos, progenitores y abuelos

Esto es, de las personas que normalmente les prestan atención, alimentan y juegan con ellos.

Hasta la fecha, al menos 1.185 menores se han quedado huérfanos a causa de esta epidemia; la décima y más mortífera en la historia de la RD del Congo. Otros 1.939 son forzosamente separados de sus progenitores.

Un sistema sanitario demasiado precario

Más allá del coste humano y psicológico, el ébola propina también un duro golpe al sistema educativo y sanitario del Congo. Donde ambas estructuras son ya de por sí precarias y cuya atención pediátrica es casi inexistente.

El ébola interrumpe la escolarización de muchos niños en las áreas afectadas. Las escuelas cierran sus puertas de forma intermitente y muchos padres se vuelven reacios a enviar a sus hijos al colegio.

El virus causa también un grave impacto en unos servicios sanitarios escasos, restringiendo la atención médica regular -como el acceso a vacunas, por ejemplo, contra el sarampión– pues la mayoría de recursos son movilizados para combatir el ébola.

El pasado 1 de agosto se cumplió un año desde la declaración de esta epidemia, que, con 1.888 muertos y 2.816 casos, personifica ya la segunda más mortífera en todo el mundo, tras la vivida en África Occidental en 2014-2016, que causó más de 11.300 muertos.

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