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Persisten las protestas en Hong Kong

En Hong Kong la celebración del aniversario del retorno de la metrópolis a la soberanía china termina con violentos encontronazos entre agentes y manifestantes y el saqueo de la cámara legislativa

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Revolución de Hong Kong
La policía desaloja el Parlamento de Hong Kong tomado por activistas prodemocracia. EFE

El recuerdo de los tres fallecidos desde el inicio de las protestas en Hong Kong ha estado presente hoy en el asalto al parlamento local.

Nada más ocuparlo los jóvenes han colocado un impermeable amarillo en la entrada del recinto y una pintada donde se leía: «Por esos tres». Tras cercar el parlamento local decoraron los muros del entorno con imágenes de las dos primeras víctimas que ellos asocian a su revuelta: el llamado «hombre del impermeable», un joven que cayó al vacío tras colocar una pancarta contra la ley de extradición; y una joven que se suicidó dejando una nota en la que también se mostraba contraria al proyecto de ley.

También reemplazaron la bandera de la República Popular China que suele ondear a las afueras de la cámara legislativa por la denominada «Orquídea Negra« (flor roja es el símbolo oficial de la ex colonia), enseña de esta revuelta, que colocaron a media asta. 

«Nuestra bandera muestra nuestra profunda condolencia hacia nuestros camaradas fallecidos», se leía en un cartel colocado en el suelo

La última víctima ha sido Zhita Wu, una chica de 29 años que saltó desde uno de los pisos de un conocido centro comercial. Antes dejó un mensaje en Facebook que los jóvenes exhibían como ejemplo de la desesperación que les impulsa.

Un día de celebración que ha pasado a ser un día negro en Hong Kong

El asalto y saqueo de la cámara legislativa de la metrópoli ha supuesto el clímax de una jornada que pretendía ser festiva y recordar el retorno de este enclave a la soberanía china en la misma fecha de 1997, y sin embargo ha concluido asistiendo a los altercados más graves que se registran en este lugar desde que dejó de ser colonia.

Los enrentamientos entre manifestantes opuestos al gobierno aliado de Pekín y las fuerzas de seguridad han comenzado desde las primeras horas de la mañana, cuando cientos de chavales han intentado boicotear la ceremonia anual que se celebra en esta fecha.

Los dignatarios de la ciudad, encabezados por la jefa del ejecutivo Carrie Lam, han tenido que recluirse en un centro de convenciones y asistir por un circuito de televisión al izado de las dos banderas, la de la RPCh y la local.

El paso de la enseña que representa al gobierno de Pekín transportada por un helicóptero fue saludado por abucheos por los opositores.

Algo de arrepentimiento…

Durante su intervención en el acto oficial, la jefa de Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, ha vuelto a repetir que había aprendido una lección de los incidentes que ha generado la polémica ley de extradición que pretendía aprobar y que fue el detonante de la sucesión de marchas y movilizaciones que se han registrado en la localidad.

Su propia intervención ha sido interrumpida por una legisladora pro democrática, Helena Wong Pik-wan, que ha comenzado a gritar: «¡Dimite, retira la ley diabólica!». La diputada ha sido expulsada de la sala por la seguridad privada del evento.

Sus palabras han acrecentado la indignación de los que se habían concentrado en torno a la asamblea local, que han decidido cercar el edificio, defendido por decenas de agentes antidisturbios.

Así ha sido el altercado de Hong Kong

A media tarde, los jóvenes han obligado a los agentes a replegarse al interior del edificio tras conseguir romper las vidrieras reforzadas tras las que permanecían alineados.

Los uniformados se han retirado detrás del sistema de persianas metálicas que clausura todos los accesos al edificio. De inmediato, los más exaltados han comenzado a intentar romper también esas puertas golpeándolas con barras y palancas.

La acometida de los manifestantes ha eclipsado por completo la marcha de protesta convocada por otro sector de los opositores que ha reunido una vez más a cientos de miles.

Al caer la noche, cientos de jóvenes han conseguido entrar en el edificio legislativo que había sido abandonado por los agentes.

Presos de una furia incontrolable, los chicos encapuchados o cubiertos con máscaras han destrozado una gran parte de las instalaciones. Las camarillas de jóvenes se movían de dependencia en dependencia rompiendo televisores, mesas, archivos o macetas.

También han arrancado y han despedazado los retratos de todos los presidentes del parlamento desde 1997, preservando sólo dos de dirigentes de la era colonial británica.

La multitud ha irrumpido incluso en el hemiciclo legislativo donde han llenado los muros de pintadas, han colgado un paraguas negro y otra enseña del mismo color, y una pancarta donde habían escrito: «No es un motín, es una mierda de políticos» «Hong Kong no es China».

Poco después de la medianoche, decenas de policías antidisturbios se han personado en la asamblea y han dispersado a los oponentes con gases lacrimógenos y bombas de sonido.

La acción ha durado menos de una hora, ya que los chavales han decidido retirarse al comprender que esta vez los uniformados venían para quedarse.

«Somos chinos, sí, pero no somos militantes del Partido Comunista «

Muchos de los manifestantes han declarado que en los últimos tiempos, Pekín ha decidido acabar con sus libertades. Por otro lado, algunos también han reconocido que este movimiento se esta alejando de la resistencia pacífica que definió a la Revolución de los Paraguas de 2014.

Como había adelantado Yin, al mediodía los chavales han optado por la escalada y han decidido entrar en el parlamento por la fuerza.

Organizados en cuadrillas que enarbolaban arietes formados por vallas metálicas y barras de hierro, han comenzado a aporrear las cristaleras que rodean la cámara legislativa.

Dentro, decenas de agentes sujetaban sus escudos, porras y sprays de pimienta. Otros recurrían a los altavoces para intentar calmar a la multitud.

Los manifestantes han cortado todas las calles de los alrededores colocando barricadas hechas con materiales de las obras cercanas. También se han equipado con ladrillos que han arrancado de las aceras por si la policía intentaba desalojarlos.

En Admiralty, una decena de muchachos la han emprendido a patadas con un muñeco de Winnie the Pooh, un oso que muchos en este país creen que representa al presidente Xi Jinping. El peluche ha acabado sepultado entre ladrillos.

«No nos vamos a ir como en la Revolución de los Paraguas», ha admitido uno de los muchachos manifestantes

Varios legisladores pro democráticos han intentado frenar a los muchachos sin éxito. Uno de ellos se ha colocado incluso frente a una de las puertas del parlamento y ha sido apartado por la fuerza por uno de los chicos.

Entre ellos figuraba Lam Cheuk-ting, que reconocía su incapacidad para aplacar a los concentrados. El cual ha manifestado que la única responsable de todo esto es Carrie Lam, y ha opinado que debería de dimitir de inmediato.

Cheuk-ting ha admitido que le preocupa la posibilidad de nuevos suicidios inspirados por toda esta controversia y que este trágico comportamiento se pueda convertir en una forma de protesta como lo fueron las inmolaciones de los monjes tibetanos.

Declaraciones que pueden tensar más aún la situación

Por su parte, la jefa del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, ha condenado de madrugada el «extremo uso de la violencia y el vandalismo» por parte de los manifestantes.

En una conferencia de prensa convocada a las 04:00 horas del martes (hora local de Hong Kong, todavía lunes en España) Lam confió en que «la sociedad honkonesa vuelva a la normalidad lo antes posible».

La crisis está comenzando a generar al mismo tiempo una profunda división social que se puso de manifiesto el domingo, cuando los simpatizantes del Partido Comunista chino y defensores de la actuación de las fuerzas de seguridad también sacaron a la calle a decenas de miles de personas.

Según los organizadores han llegado a ser 165.000, aunque la policía dijo que fueron 53.000.

Tras años en los que el civismo fue la característica más singular de esta plaza, el declive de la autonomía local ha generado un nuevo espíritu entre un sector de la juventud que se resumía a la perfección en la pancarta roja colgada de uno de los muros del Parlamento: «Si nos quemamos, vosotros os quemareis con nosotros».

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