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Los huevos: diez mentiras y verdades sobre ellos

Desmontamos algunas mentiras y revelamos verdades sobre uno de los alimentos más consumidos del planeta, los huevos

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Consumir huevos, el alimento más común
Algunas prácticas con los huevos son innecesarias, y algunas creencias son totalmente falsas./ Pixabay

Los huevos, ya sean cocidos, fritos o en diversas formas, levantan muchas dudas. El miedo a la infección por la bacteria salmonella levanta recelos en parte de la población, mientras que la otra mitad vive despreocupada y los consume tranquilamente.

Hoy dejamos estos diez mitos y verdades, porque aunque seas amante de los huevos, puede que estés cometiendo algunos errores a la hora de consumirlos o conservarlos.

  • Sí la gallina es grande, sus huevos también: Tiene un 50% de vericidad. Las gallinas jóvenes suelen poner huevos más pequeños, y su tamaño aumenta con la edad del animal. Pero esto no es necesarimanete así. Depende sobre todo de la raza, la alimentación o si se crían en granjas de producción intensiva o en pequeños corrales al aire libre.
  • ¿Los huevos rubios son mejores?: Esto es una creencia totalmente errónea, pus el color de la cáscara depende solamente, del tipo de gallina que lo pone. Esto no determina si sin más o menos nutritivos. Igual que en el punto anterior, la raza, la salud y la alimentación tienen influyen en la calidad.
  • Beneficiosos para el cuidado de nuestra vista: Los huevos nos aportan un alto nivel de vitamina A y del antioxidante llamado luteína, que son importantes para nuestra salud ocular.
  • ¿Se deben mantener en el frigorífico?: En los comercios no es así porque lo que se esta evitando a toda costa son los cambios de temperatura. Por ese motivo, una vez fríos no hay que tenerlos mucho tiempo a temperatura ambiente, porque los huevos “sudan” y como son muy porosos, la humedad podría penetrar la cáscara y provocar el crecimiento de bacterias o moho. En Estados Unidos y otros países sí se encuentran refrigerados porque los lavan previamente para evitar la salmonela y al hacerlo dejan la cáscara desprotegida y susceptible de infectarse con algún tipo de bacterias. En la Unión Europea esta práctica está prohibida. Por ese mismo motivo no es en absoluto aconsejable lavar los huevos crudos bajo el grifo. Si tienen algún resto lo mejor es frotarlos con un paño seco.
  • La cáscara contamina el huevo: Hay una cierta histeria en evitar que el más mínimo pedazo de cáscara caiga en el huevo al romperlo. No pasa nada si el trozo no es muy grande y uno se lo come después de pasar por la sartén.
  • Los huevos crudos alimentan más: Esto es un error grave, pues puede derivar en alguna enfermedad, como la salmonelosis, la cual se evita al pasarlos por el fuego. Muchos deportistas los toman crudos porque creen que les aportan más proteínas, y se equivocan, ya que mantienen las mismas, crudos que cocinados. Es más, los cocidos hacen que el organismo absorba el doble de proteínas.
  • Quitar o no quitar la calaza: Para empezar, la calaza es una especie de cordel algo más opaco que la clara, que se encarga de mantener la yema en el centro del huevo. Puede que a alguien le dé algún reparo, pero no afecta para nada al sabor ni se nota una vez cocinado.
  • Los huevos caducados no se pueden consumir: Es falso, ya que se pueden seguir tomando entre cinco y seis semanas después. En caso de que el huevo este en mal estado, lo deja notar enseguida por su olor. En caso de tener dudas, sumerge el huevo en un cazo con agua, si se hunde, está fresco; si se queda flotando a medio camino aún esta bien pero no tan fresco. Recuerda, que una vez cocidos no se debe conservar más de un par de días y en frío.
  • ¿Son indigestos?: No. Lo más seguro es que se de indigestión por la forma de cocinarlos. Los pasados por agua, escalfados o poché son mejor digeridos que los duros o fritos, pues son más calóricos, unos por el aceite.
  • No desayunes huevos porque engorda: Algo totalmente falso, pues se ha comprobado que comerlos en lugar de hacer un desayuno dulce, ayuda a estabilizar los niveles de azúcar a lo largo de la mañana. La consecuencia es que uno se siente lleno durante más tiempo y tiene menos necesidad de comer a media mañana.

Una vez descartados algunas falsas ideas, como que no conviene consumir más de dos a la semana, o que sus nutrientes solo se encuentran en la clara, hemos desmontado esas «certezas» que dejan de sostenerse al indagar un poco más en la naturaleza de este alimento tan común.

Seas o no amante del huevo, este alimento que lleva siglos entre nosotros, realmente es el manjar de todos los manjares, sobre todo cuando se unta el pan en esa yema tan doradita.

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