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Que no se apague la luz. La institucionalidad universitaria en Venezuela

La crisis de la ciudad y de la universidad corre paralela al colapso nacional.

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Globovision

Entre 1958 y 1999 Venezuela construyó una fuerte institucionalidad universitaria que, además de cumplir sus importantes tareas académicas, permitió el surgimiento de una muy consistente clase media profesional. Clave tanto para impulsar el crecimiento económico del país como para asegurar su estabilidad democrática.

La institucionalidad universitaria en Venezuela

Esa institucionalidad, tuvo entre sus soportes fundamentales el reconocimiento legal de la autonomía universitaria y una estructura interna esencialmente meritocrática.

Sin embargo, con la llegada de Chávez al poder todo cambió. Se desarrolló una política oficial anti autonómica determinada en gran medida por un poderoso resentimiento social que desprecia cualquier forma de organización meritocrática. En adelante, se inició una dura etapa de sobrevivencia de la que veinte años después, sólo quedan restos de un viejo esplendor.

El caso de la Universidad de Los Andes (ULA) es muy especial

Vinculada existencialmente a la ciudad de Mérida, se desarrolló entre ambas una muy especial conexión de la que surgió una gran energía civilizatoria.

En Mérida, ciudad universitaria por excelencia, llegó a conjugarse la irreverencia, alegría y el ímpetu juvenil con la sosegada cultura, los valores cívicos y el respeto por el conocimiento. Siempre he pensado que es a esa conjunción a lo que se refería Mariano Picón Salas cuando dijo que la universidad llevaba a la ciudad por dentro.

Esa luz tan portentosa, que se expresó a través de la calidad de la investigación científica, humanística y tecnológica, del alto nivel de su producción artística, del elevado perfil de sus educadores, médicos, juristas, poetas, literatos, atletas, emprendedores, políticos y ciudadanos se está apagando.

La crisis de la ciudad y de la universidad corre paralela al colapso nacional

En el caso de la ULA, sólo su formidable consistencia, derivada de sus reservas éticas y académicas, explica esta larga sobrevivencia que se hace cada vez más precaria. Tengamos presente que el rescate y reimpulso de la universidad pública, conectada a la reconstrucción de Venezuela, es uno de los objetivos fundamentales del «Plan País» que lidera el Presidente Guaidó. Confío en que los universitarios estemos una vez más a la altura del compromiso.

Vendrán tiempos mejores pero es importante no perder de vista que la luz de Mérida y de su universidad estará siempre ligada al ejercicio de la civilidad,  la autonomía responsable y una estructura meritocrática capaz de imponerse a toda forma de resentimiento social.

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