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La corbata se le sigue atragantando a las autoridades iraníes

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Teherán, 13 mar (EFE).- Vetada para los empleados gubernamentales y oficialmente prohibida su venta en Irán, aunque esta normativa se ha relajado con los años, la corbata es todavía un símbolo occidental denostado cuatro décadas después del triunfo de la Revolución Islámica.

Su uso era relativamente popular en Irán antes del levantamiento que derrocó a la monarquía en 1979, tras el cual las corbatas se convirtieron en una prenda en cierto modo maldita, quedando relegadas a las fiestas privadas.

Hoy en día, aunque las restricciones se han reducido, nadie en el Gobierno o en instituciones públicas se anuda al cuello esta prenda y tampoco lo hacen los empresarios en las reuniones o en las ferias comerciales.

La negativa imagen que se proyecta sobre ellas llega a las series de televisión y las películas iraníes, donde solo los personajes «malos» como los mafiosos llevan corbata.

Todo ello fomenta que aunque se pueden ver algunos escaparates de tiendas con corbatas, las ventas son bajas y los comerciantes siguen enfrentando escollos.

«La corbata es vista por las autoridades como una prenda occidental y por eso a los vendedores nos ponen problemas», se lamentó a Efe Mohamad Hosein, un joven de 23 años empleado en una tienda de ropa del bazar de Tajrish.

Hosein explicó que cuando entra un inspector al centro comercial, algunos de los encargados de la seguridad le avisan «por amistad» para que recoja las corbatas de los escaparates.

«Escondemos rápido las corbatas para que el inspector no las vea. Puede cerrar la tienda, si hay tres maniquíes en el escaparate con corbata, o poner una multa si solo hay un maniquí», detalló el vendedor.

Las multas no tienen un importe fijo, quedan a discreción del inspector, como es habitual en estos casos en Irán, donde campa la corrupción y son habituales los sobornos.

Según Hosein, las ventas son reducidas, de unas tres corbatas al mes, y obtienen un beneficio muy limitado, pero pese a ello en los barrios de clase media y alta y en algunos bazares no es raro encontrar este tipo de tiendas.

Esta mayor flexibilidad en la venta de corbatas comenzó durante los mandatos del presidente reformista Mohamad Jatamí (1997-2005), pero no ha logrado un cambio definitivo de normativa ni de mentalidad entre los más conservadores.

«Nunca en la religión del islam ha existido la corbata. Es una prenda de la cultura occidental, de la cultura decadente occidental», insistió el clérigo Yalal Mohebí, representante del líder supremo en un mausoleo del norte de Teherán.

Mohebí dijo a Efe que en opinión del líder Ali Jameneí «no es digno que una persona musulmana, fiel y revolucionaria se ponga corbata porque es una prenda extranjera y no islámica».

Esta idea de su importación de Occidente es rebatida por muchos, ya que algunas teorías apuntan a que fueron llevadas a Europa por comerciantes croatas desde Irán en la época del Imperio Sasánida, antes de la conquista islámica de Persia.

«Tengo entendido que el origen es iraní. Al parecer los herreros iraníes se ataban al cuello una especie de pañuelo similar a la corbata actual», comentó a Efe Farshid, un ingeniero de 38 años de Teherán, que defiende su uso.

Este hombre opta por usar la corbata «en las fiestas que son un poco más formales» y, por supuesto, en las bodas, donde considera que es «imprescindible» este símbolo de elegancia.

Farshid explicó que la policía está relativamente acostumbrada a su uso en bodas y que él ha visto a algunos miembros del cuerpo lucir esta prenda en algunos eventos privados. Sin embargo, no es lo mismo los espacios privados o incluso los coches, que la calle.

«A día de hoy la policía nunca me ha advertido por usar corbata, aunque es cierto que nunca me la he puesto para caminar en la calle», señaló.

Sorprende que algunas de las personas involucradas en la Revolución Islámica como el famoso sociólogo Ali Shariatí y el primer ministro del Gobierno interino iraní de 1979, Mehdi Bazargan, usaban con frecuencia corbata.

Por ello, en opinión de este ingeniero de Teherán «es ridículo vincular la prohibición de la corbata con el islam» y que a día de hoy continúen las restricciones.

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