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La marea cíclica

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Marea Vicente Baquero
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Todo navegante sabe que al aproximarse a la costa es imprescindible estar atento a las mareas y corrientes a la hora de querer gobernar y sobre todo atracar con éxito. No es lo mismo tener bajo la quilla veinte metros que tres cuando se está capitaneando un buque de diez mil toneladas… Sirva como metáfora náutica este símil para ilustrar algo muy parecido que ocurre con la economía a la hora de gobernar naciones y llevarlas a buen puerto.

La marea y las circunstancias climatológicas son inevitables pero todo buen marino sabe las medidas que debe tomar para salvar su carga y tripulación si no quiere naufragar. Es cierto que hay situaciones en que el desastre es inevitable pero son las menos: la prudencia, el conocimiento y la habilidad son esenciales y necesarias para evitar los peores efectos de las galernas o tifones.

Parece que los recientes indicadores económicos nacionales están indicando que la marea está bajando, ya sea por razones internas o como reflejo de la situación económica internacional pero independientemente del origen, habrá que tomar ciertas medidas necesarias, y evitar otras, si se desea que una recesión cause los menos estragos posibles.

La situación del viento, las corrientes y la mar sobre la que flotamos, es el elemento externo y habrá que aparejar en consecuencia, pero lo que no debemos es aproximarnos a puerto con tempestad y la marea baja para estrellar el barco contra la costa. Me intento explicar: la guerra económica inevitable entre China, Oriente en su conjunto,  y países en vías de desarrollo con Occidente  en general y EEUU en particular, como cabeza y representante de este bloque, es inevitable. España en singular y casi Europa en general, poco pueden ayudar a resolver el dilema,  carecen de los medios necesarios, la soberanía o el poder para poder imponer su criterio o voluntad como en otra época.

Los ciclos son inevitables, como las mareas

Hay determinadas medidas que son contraproducentes si lo que se quiere es evitar los bajos económicos, si un gobierno las adopta por mantenerse fiel a su hipotética ideología, la realidad le llevará a las rocas y estrellará el barco, no importa la buena voluntad que haya alimentado su propósito, solo sobrevendrá el desastre y mayores daños de los que quiso evitar con sus “bien pensantes” medidas.

Les doy el beneficio de la duda aunque cada vez me cuesta más… Zapatero por ejemplo negando la crisis, por oportunismo político, y con su famoso plan E, precipitó y agravó las consecuencias de una fase económica de recesión.

La actual situación se parece mucho a la de entonces, si el socialismo español encabezado por un personalísimo Pedro Sánchez, se encamina a una alianza con la extrema izquierda y el separatismo,  en mayor o menor medida, con nuevas o sin nuevas elecciones,  el resultado sería el mismo: en primer lugar la ingobernabilidad, un país dividido política y territorialmente, en segundo lugar medidas económicas destructoras de empleo y de la creación de riqueza, limitación de contrataciones, más impuestos, más gasto público injustificado, un agobiante asalto ideológico a la educación y los medios de comunicación, tanto oficiales como privados al servicio del régimen, una renovada caída en el empleo, y un incremento del déficit tanto nacional como autonómico, con una limitación última, la del “Banco Central Europeo”. En fin algo parecido a lo de Grecia, una situación en la que tengan que acabar por imponer restricciones y una posible intervención.

Si tales circunstancias coincidieran con una situación más o menos estable internacional, la gravedad de la situación sería importante pero no tan profunda como la que puede llegar a producirse en un entorno donde una guerra económica entre las naciones está dando comienzo. Este conflicto es en realidad la “crónica de una muerte anunciada” ya que todos sabían, y nadie quería poner de manifiesto, que tarde o temprano los desequilibrios de las balanzas comerciales, de pagos, de inversión y la situación de las cifras de desempleo entrarían en juego y tendría que equilibrarse.

No es posible una situación en que sistemáticamente unos estados arroyen económicamente a otros utilizando las ventajas de sus bajos costes laborales, una falta de seguridad, tanto personal como ambiental, y devaluaciones monetarias, para inundar a otros estados en los cuales el desempleo sistemáticamente ya aumenta exponencialmente, por la progresiva desintermediación, tecnificación y digitalización que ya incide en el aumento de paro. Por mucho que los excedentes de capitales acudan a financiar las compras y la inversión en los países receptores y surjan nuevos puestos de trabajo la situación al final es insostenible. Tampoco es posible, de la noche a la mañana, adecuar la formación, capacitación profesional y exigencias de la población a las a  las denominadas nuevas profesiones, ni absorber las necesidades de servicios básicos por mucho inmigrante que se acoja, sin que ello suponga un estallido social por la falta de integración cultural y de formación de los mismos.  

Los desequilibrios acaban por corregirse, aunque no se quieran o puedan tomar medidas al respecto, acaban buscando y encontrando su nivel, la realidad aunque incomoda se acaba por imponer, más tarde o más temprano. Cuando tales situaciones se producen las consecuencias son más graves que la incomodidad de reducir temporalmente el nivel de vida de algunos.

Quien esté interesado en un estudio más detallado y a fondo de este tema le recomiendo la obra “The great rebalancing”del profesor Michael Pettis. Entretanto centrándonos en el escenario nacional habrá que estar pendientes no tanto de las elecciones, que difícilmente van a arrojar grandes diferencias con las condiciones del actual sistema, si no en las corrientes de fondo que alimentan el conjunto social y  observar como una nueva crisis puede influir en la conformación de posiciones políticas más resolutivas.     

En una palabra cuando las circunstancias lleven al conjunto nacional al convencimiento, por pura y dura necesidad,  de que la política debe ser algo más que un juego electoral de votos y alianzas y la situación se convierta en inasumible a nivel individual y colectivo, habrá que plantearse qué cambios son necesarios en el sistema para que vuelva a aparecer una  estructura de organización política que se ocupe de la gestión de la “cosa pública” con preferencia a las ambiciones personales o ideológicas.

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