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Las grasas, el falso culpable

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Grasas

En esta moda de ‘satanizar’ algunos alimentos, ¡han pagado justos por pecadores! Y es que desde que empezaron a aumentar los niveles de sobrepeso en el mundo (según la OMS, la obesidad se ha duplicado desde 1980), los principales sospechosos fueron el azúcar y las grasas. Lamentablemente, muchas instituciones prefirieron en esa época atacar a las grasas con todo, y pasar por alto al que hoy en día es considerado por muchos EL ENEMIGO PÚBLICO #1 en el desarrollo de muchas enfermedades: “el azúcar”.

Todo esto hizo que muchas personas eliminaran en gran medida las grasas (de todo tipo) de sus dietas, sin lograr a pesar de esto evitar que la obesidad fuese declarada en el 2004 como “La epidemia del siglo XXI” por la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Natural Athlete, empresa que cuenta con una tienda de alimentación saludable, creemos fielmente que la mejor manera de romper con estos mitos es estar lo mejor informados. Veamos entonces por qué las grasas NO son como las pintan, y ¡empecemos a reconciliarnos con este macronutriente!

Aún sentimos las secuelas…

Todavía hoy en día estamos pagando el precio de esta campaña de ataque en contra de las grasas. Pues son muchos los mitos que se mantienen en contra de este macronutriente y que han evitado que muchas personas aprovechen los beneficios que tiene para nuestro organismo.

Las grasas SON NECESARIAS

La naturaleza es sabia, y todo lo que nos aporta naturalmente a través de los alimentos tiene algún beneficio o función en nuestro cuerpo. ¡Las grasas NO son la excepción! Pues son necesarias para obtener energía, y producir sustancias claves para el normal funcionamiento de nuestro cuerpo, como son las hormonas.

Por su aporte calórico, una de las principales funciones de las grasas en nuestro organismo es aportar energía. Lamentablemente, esta ha sido la característica que más han usado para generar TERROR al momento de su consumo, sobretodo en aquellas personas que quieren bajar de peso o cuidar su figura y su salud.

¡Y es que no nos cuentan la historia completa! Empecemos por mencionar que los carbohidratos también tienen como tarea principal ser la gasolina de nuestro cuerpo, es decir, ¡aportar energía!

Vayamos más allá de los números

No se puede negar que, en cuanto al aporte calórico, las grasas (9 kcal por gramo) a diferencia de los carbohidratos (4 kcal por gramo) son las que más aportan energía -las proteínas también aportan 4 kcal por gramos, pero su principal función es diferente-. Sin embargo, lo que verdaderamente debemos tener en cuenta en este punto -y es lo que irónicamente menos nos dicen-, es que la velocidad con la que aportan la energía a nuestro organismo ES EN DONDE ESTÁ LA CLAVE.

Al momento de digerir los alimentos, el cuerpo asimila más rápidamente las calorías provenientes de los carbohidratos que los provenientes de las grasas, sobretodo si los carbohidratos provienen de alimentos refinados y ricos en azúcares. Por eso, cuando nos mareamos por estar mucho tiempo sin comer por ejemplo, es más eficiente consumir azúcar, ¡nos activamos inmediatamente!

¿Cuál es la ventaja de las grasas entonces?

Son una fuente más lenta de energía que los carbohidratos ya que, por su composición molecular, permanecen en el estómago por más tiempo, retrasando el tiempo de absorción de los alimentos. Además, favorecen la producción de sustancias, como la colecistoquinina, que suprimen el apetito. Todo esto se traduce en que las grasas tienen un gran poder saciante. Si nos sentimos llenos luego de cada comida, es menos probable que nos de hambre muy seguido.

Entre los alimentos fuentes de grasa que podemos usar para enriquecer nuestras dietas tenemos: el aguacate, los frutos secos, las semillas (de girasol, de chía, de calabaza, psyllium… ¡hay tantas!), el aceite de oliva, los huevos, y el pescado (sobretodo el pescado azul).

¿Qué errores cometió la industria en su momento?

Una vez empezaron a atacar a las grasas, la industria empezó a modificar los productos para sacar su versión “light” o “baja en grasa”. ¡Fueron el boom en su época! Probablemente todos hayamos caído en la trampa de consumir alguno de estos productos, pensando que nos ayudaría a reducir nuestro peso y a mejorar nuestra salud.

¡Nada más lejos de la realidad!

Los alimentos “bajo en grasa”, No necesariamente aportan menos calorías.

Es increíble como hoy en día muchas personas caen aún en esta ‘trampa’ de algunas industrias. Y es que muchos de los productos que tienen este tipo de declaraciones, pueden aportar inclusive ¡más calorías que la versión original del producto! ¿Cómo pasa esto? Es que a muchos de estos alimentos se le añaden otra cantidad de productos – usualmente a base de almidones, azúcares o incluso sal- para lograr mantener las características organolépticas del producto.

Pero ¿qué puedes hacer para evitar caer en el engaño? Como explicamos en nuestra publicación anterior: ¿Comer rápido y saludable? ¡Sí se puede!, aprender a leer el etiquetado de los alimentos es FUNDAMENTAL.

Al final del cuento, ¡usemos las grasas sin miedo!

No sólo NO son perjudiciales para nuestra salud, sino que además son necesarias para el adecuado funcionamiento de nuestro cuerpo.

Una vez que sabemos la historia completa, es más fácil tomar decisiones más inteligentes, basadas en nuestro bienestar y el de nuestros seres querido, más allá de estar fundamentadas en el temor. Así que, ¡perdamos el miedo a las grasas!

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