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Viajar al lugar de los hechos, la esencia del reporterismo de Kapuscinski

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Madrid, 7 ene (EFE).- “Trasladarse al lugar de los hechos, lo primero”, destaca Amelia Serraller Calvo al describir la esencia del reporterismo que practicó el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski, cuya obra ha analizado también para adentrarse en su calidad literaria.

La eslavista e intérprete de ruso y polaco defiende en entrevista con Efe, con motivo de la publicación de su libro “Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuscinski” (Amargord ediciones), defiende con apasionamiento el rigor periodístico y la trascendencia de la obra del que fuera candidato polaco al Nobel de Literatura.

Y es en la profundidad de su mirada donde la experta española incide para explicar la importancia de los libros del reportero, que, subraya, fueron escritos en polaco para lectores polacos que entendían sobradamente que había “hiperboles y alegorías”.

Entre las primeras obras del premio Príncipe de Asturias 2003 como “el Sha” o “El Emperador” -explica- hay analogías que cualquier polaco encuentra en el retrato de Haile Selassie de su “trasunto” el secretario general del partido comunista polaco Edward Gierek, máximo líder entre 1970 y 1980.

En la era de las noticias falsas, la desinformación, la distancia del lugar de los hechos por comodidad, falta de recursos o excesiva confianza en internet, la autora reivindica el compromiso con el periodismo de Kapuscinski, primero admirado sin límite y denostado luego, por algunos de sus devotos, por esas licencias literarias.

“Es un periodismo que exige trasladarse al lugar de los hechos lo primero”, dice, “aunque hoy en día prácticamente no hay dinero para ese desplazamiento y, si lo hay, es muy breve, o son freelance por su cuenta y riesgo” los que asumen ese empeño, ironiza, al tiempo que destaca que para Kapuscinski es imprescindible también “leer informes del conflicto a cubrir, hablar el idioma”.

“Residir un tiempo” como hacía el desaparecido reportero “es algo del pasado” y duda que hoy lo puedan hacer los colegas de su país de origen.

No olvida tampoco la importancia que tenía “interactuar con la gente, pues decía -insiste la autora- que desde una redacción a no sé cuantos kilómetros qué se va a poder escribir desde la comodidad del sillón, de una gente que no se conoce y con la que no ha habido ningún intercambio humano”.

Pero junto a esas nociones de periodismo clásico, Serraller Calvo destaca que además de la ética profesional subsiste la repercusión del trabajo periodístico, pues “a partir de la imagen que transmite la prensa de los conflictos se empieza a construir la memoria y la historia de los mismos”

Como ejemplo recuerda la matanza del 18 de noviembre de 1978, cuando se suicidaron en Guyana 914 integrantes de una secta religiosa de origen norteamericano, la Iglesia del Templo del Pueblo, encabezada por Jim Jones .

Frente al “periodismo del dato frío y la exactitud, lo interesante es el drama: ¿qué llevó a esas personas a hacer algo así?”, resume.

A su juicio, Kapuscinksi evoluciona y conforme a la tradición de la escuela polaca del reportaje llega de la literatura documental al reportaje moderno, donde se inscribe una tradición marcada por la férrea censura de la época.

Considera que entonces era inevitable el periodismo militante, paralelo además a la evolución ideológica personal del corresponsal que emplea técnicas literarias para caracterizar psicológicamente a sus personajes e incluye su opinión sobre la realidad descrita.

Advierte que el propio protagonismo del periodista en el relato evita que nadie se llame a engaño.

Además de su vocación literaria, ensayística y filosófica, el escritor polaco cultivó una suerte de “periodismo mágico” que Serraller Calvo conecta con Carlos Fuentes o Gabriel García Marquez, con quien “simpatizó”.

Y colaboró con su proyecto de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano pues Kapuscinski “no quiere ser reducido a la categoría de mero periodista. Ansía ser reconocido como pensador, filósofo, ensayista, poeta y artista gráfico”.

“Aspiraba a dejar huella en el lector trascendiendo la actualidad” y se proponía que “el periodismo fuera una experiencia intelectual y estética. Hacer del reportaje una obra de arte total”.

Kapuscinski consideraba como un pionero en el reporterismo al historiador griego Herodoto de Halicarnaso, de quien alababa su calidad literaria y lo consideraba el primer globalista.

Además le agradecía que le hubiese permitido cruzar “la barrera del tiempo con las mismas ganas que un día superó la barrera del espacio”. Como si fuese internet.

Alfonso Bauluz

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